No quería cerrar este año con un sabor amargo en el blog. En la última entrada reflejaba mi ira y dolor y esto ha tardado en desaparecer pero lo ha hecho. La pesadilla quedó atrás. No quiero volver a confiar en cierto médico y espero aun que responda de sus actos pero eso no quita que haya vuelto la alegría a casa.
Miquel está muy bien y es risueño como siempre, eso es lo importante. Miquel sufrió más que nadie pero fue el primero en pasar página y esto nos ayudó a todos. La rutina del colegio volvió a nuestro día a día y hemos notado cierta mejoría general en el niño. Evidentemente, aun tendrá algunas revisiones pero todo está correcto.
Hoy quería regalaros algo: un secreto. Un secreto que quiero desvelar aquí por que en este blog siempre he sido muy sincera, por que creo que es lo justo y por que creo que puede ayudar a algunas mamás. Este año, 2013, ha sido muy importante para mí en muchos aspectos: Ya compartí con vosotros mi decisión de no tener más hijos, inicié una actividad nueva que me encanta (correctora) y este verano (no sé ni el mes ni el día exactos) dejé de dar teta a Miquel o, mejor dicho, Miquel dejó de buscar la teta.
Lo sé, oficialmente, dejé de darle el pecho a Miquel el 7 de febrero del 2012 (y aquí lo explico) de una manera abrupta y medicada por una decisión errónea de un médico. Pero dejar de dar el pecho debe ser una decisión casi pactada entre madre e hijo y, evidentemente, no funcionó. Fue muy duro ver la carita triste y desolada de Miquel preguntándome si la teta ya se había curado día tras día. Su apego hacía mí se multiplicó y se volvió más demandante y me absorbía mucho más que cuando le daba pecho. Su "mamitis" aumentó al perder la posibilidad de mamar aunque resulte paradójico. Tardó un mes en recuperar toda su alegría.
Tres meses después de cortar la leche con medicamentos, cuando Miquel ya se había resignado (o eso creía yo) me quedé medio dormida en el sofá. Me desperté sobresaltada por que Miquel chupaba con fuerza un pezón ¿Pero qué haces? Miquel me respondió con los ojos brillantes: "¡Hay zumo!". La lógica me decía que era imposible, había cortado la producción de leche hacía 90 días... Pero la convicción y la alegría de mi hijo eran irrefutables. ¿Cómo encajar esto? ¿no se suponía que no tenía leche? El pediatra me confirmó que era imposible que yo tuviera aun leche, pero era posible. Tenía leche, aunque no la cantidad que tenía antes, de mi pecho salía suficiente leche para alegrar a mi hijo. No me quedaban fuerzas para revivir el trauma vivido hace tres meses, así que no le negué el pecho.
Había sido todo un logro social dejar el pecho, todo el mundo me preguntaba si ya lo había dejado como si se tratara de una extravagancia mía darle pecho hasta los tres años. Así que decidí que esta nueva lactancia nos pertenecía solo a Miquel y a mí, sin interferencias. El papá lo comprendió a regañadientes y lo aceptó. La nueva norma de lactancia era que solo se podía mamar dentro de casa y cuando no estuvieran los abuelos. ¿Penoso? ¿patético? ¿poco reivindicativo? si, si y si pero muy práctico. Me ahorraría comentarios y miradas inoportunas. Nuestra segunda lactancia transcurrió plácidamente sin interferencias.
Solo me preocupaba una cosa: el niño tenía pendiente una operación del riñón y estaría varios días ingresado ¿Cómo iba a darle el pecho en el hospital sin que nadie se diera cuenta? Cuando me llamaron a primeros de septiembre de este año para darme el día de la operación me acordé de esa preocupación. Me sorprendí mucho al no conseguir recordar cuando Miquel había dejado de mamar. No fui consciente hasta ese instante que mi hijo llevaba unos dos meses sin mamar... Seguía jugando con mis pechos y diciéndoles cosas bonitas pero ¿mamar? No pude determinar qué día había dejado de hacerlo. Y me alegré mucho por que ese era el final que yo quería para mi lactancia. Con juegos, risas y sin traumas.
Sé de algunos que estarán con la boca abierta ahora mismo pero yo estoy satisfecha y orgullosa de mi lactancia, de haber podido sanar la herida de mi hijo, de respetar nuestro tiempo. Tuve que esperar año y medio más para que Miquel dejara el pecho ¿y qué? Lo mejor es que no lo viví como una espera si no como una segunda oportunidad.
¡Felices fiestas! (¡y ya podéis cerrar la boca!)
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martes, 17 de diciembre de 2013
miércoles, 15 de julio de 2009
Pensando en las vacaciones
Esta semana ha sido intensa. Miquel sigue creciendo, parloteando y gritando con unos agudos que te de deja sorda... En fin, precioso ¿Qué voy a decir yo? Lo coge todo, lo tira todo.... Menos mal que me he puesto una cadenita en las gafas y para sujetar los muñecos al carrito o a la bandolera utilizo una cadenita de chupete, buena idea, eh? Así evito la molesta situación de perder un juguete o tener que pedir ayuda. Me he comprado otra Premaxx clarita ahora para el verano. Como el niño va casi siempre sentado ya, a no ser que tenga sueño, pues no pasa calor. Ahora va muy a gusto en la bandolera.
Gracias a un contacto he conseguido plaza en una buena guardería. No sé, no pensaba llevar al niño hasta que cumpliera el año pero el centro está muy bien y sólo serían tres horitas por la mañana. Uff! Por un lado pienso que el niño es muy pequeño, por otro veo que ya mira con curiosidad el mundo y los niños y que le irá bien. Su padre no tiene ninguna duda, yo me quedaré con el niño en clase los primeros días hasta que se habitue y no llore (Jordi me ha prohibido expresamente pellizcar al niño para no tener que dejarlo). La verdad es que Miquel es muy sociable, se rie con todo el mundo. No sé si continuará así.
Miquel ya es un experto en comer la papilla de frutas, ya casi no se le cae nada. La de cereales la sigue tomando o engullendo en biberón, al igual que el zumo de naranja ¡le encanta! Desde el primer día lo toma con ansia, ni una mueca por su acidez ni nada. A veces pienso que este niño tiene un agujero negro en el estómago. Ahora estoy renovando tetinas de biberón y me he dado cuenta de que una buena compra son las tetinas de flujo regulable por que puedes decidir que le caiga mas fluido o no, cosa que va muy bien para el zumo (a pesar de que se lo cuelo, en las tetinas normales siempre se taponaba con algún resto de naranja). Aunque tampoco fue tirar el dinero las tetinas del grupo cero, ya que hay que renovarlas cada cierto tiempo. Seguimos con el pecho, me tomaré con calma lo de ir eliminando tomas. No tengo ninguuuna prisa. Lo único que me agobia un poco es que para septiembre, este niño dormirá en su habitación y darle el pecho de noche se me va a complicar (ir hasta la habitación, encontrar la postura adecuada en un sillón o silla, con o sin cojín de lactancia ¡no lo sé!). También dejar de dárselo, por que alguna noche que no me ha pedido, me he levantado con dos bombonas de butano ¿cuando dejará de pasarme esto???
Ahora que Miquel va tan bien conmigo, me cuesta aun mas aceptar que lo lleven en el carrito aunque a veces me conviene a mí, para qué negarlo. Me encuentro algo mejor gracias a las vitaminas o a que me obligo a comer a pesar de la calor. Afortunadamente, a final de mes nos vamos a Galicia. Temo por el viaje ya que es muy largo pero haremos noche en Burgos. ¡tengo muchas ganas de enseñarle a Miquel el pueblo de su abuela! Aunque él ya ha estado allí.
Gracias a un contacto he conseguido plaza en una buena guardería. No sé, no pensaba llevar al niño hasta que cumpliera el año pero el centro está muy bien y sólo serían tres horitas por la mañana. Uff! Por un lado pienso que el niño es muy pequeño, por otro veo que ya mira con curiosidad el mundo y los niños y que le irá bien. Su padre no tiene ninguna duda, yo me quedaré con el niño en clase los primeros días hasta que se habitue y no llore (Jordi me ha prohibido expresamente pellizcar al niño para no tener que dejarlo). La verdad es que Miquel es muy sociable, se rie con todo el mundo. No sé si continuará así.
Miquel ya es un experto en comer la papilla de frutas, ya casi no se le cae nada. La de cereales la sigue tomando o engullendo en biberón, al igual que el zumo de naranja ¡le encanta! Desde el primer día lo toma con ansia, ni una mueca por su acidez ni nada. A veces pienso que este niño tiene un agujero negro en el estómago. Ahora estoy renovando tetinas de biberón y me he dado cuenta de que una buena compra son las tetinas de flujo regulable por que puedes decidir que le caiga mas fluido o no, cosa que va muy bien para el zumo (a pesar de que se lo cuelo, en las tetinas normales siempre se taponaba con algún resto de naranja). Aunque tampoco fue tirar el dinero las tetinas del grupo cero, ya que hay que renovarlas cada cierto tiempo. Seguimos con el pecho, me tomaré con calma lo de ir eliminando tomas. No tengo ninguuuna prisa. Lo único que me agobia un poco es que para septiembre, este niño dormirá en su habitación y darle el pecho de noche se me va a complicar (ir hasta la habitación, encontrar la postura adecuada en un sillón o silla, con o sin cojín de lactancia ¡no lo sé!). También dejar de dárselo, por que alguna noche que no me ha pedido, me he levantado con dos bombonas de butano ¿cuando dejará de pasarme esto???
Ahora que Miquel va tan bien conmigo, me cuesta aun mas aceptar que lo lleven en el carrito aunque a veces me conviene a mí, para qué negarlo. Me encuentro algo mejor gracias a las vitaminas o a que me obligo a comer a pesar de la calor. Afortunadamente, a final de mes nos vamos a Galicia. Temo por el viaje ya que es muy largo pero haremos noche en Burgos. ¡tengo muchas ganas de enseñarle a Miquel el pueblo de su abuela! Aunque él ya ha estado allí.
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