lunes, 22 de junio de 2026

Espasticidad y dolor neuropático

 Llevo años evitando esta entrada. Ya esbocé el tema en una entrada anterior de una manera mas literaria pero contar la crudeza del día a día es diferente. Este es un blog personal, intentaré no ahondar en temas médicos, tratamientos o medicación pero, a veces, es inevitable. Mi experiencia personal es sólo eso, cada cuerpo es un mundo y no se ha de parecer a tu caso. En España, es difícil conseguir cierta medicación sin receta médica pero, aun así, no facilitaré ningún nombre comercial.

En 2021, creo que como persona con daño neurológico debería ser tratada por un neurólogo y así se lo pido a mi doctora de cabecera. En esta entrada lo explico ampliamente, así que volvamos al presente. Resumiendo bastante, puedo decir que desde 2021, el dolor me ha acompañado, unos días mas leve, otros, insoportable; otros, me da un respiro pero ahí está, agazapado. Tengo la gran suerte que donde vivo está la fundación Avan. Esta fundación ofrece servicios a personas con enfermedades o afectaciones neurológicas (parálisis cerebral, ictus, párkinson...) tan necesarios como fisioterapia, logopeda, psicología....En la seguridad social, cada vez que iba por dolor en el brazo derecho y hormigueo en las manos, me recetaban Paracetamol e Ibuprofeno sin indagar en la causa. Yo, a nivel privado, iba a una masajista pero nada lo solucionaba. Al final, después de unas sesiones de rehabilitación que poco solucionaron, me visitó un nuevo neurólogo y me volvió a ofrecer la botulínica para el brazo derecho. Después de la mala experiencia que tuve me costó confiar pero me explicó que bajando la dosis y pinchando más arriba no debería limitar mis movimientos ni mi fuerza. Decidí confiar. También me pidió el prueba del túnel carpiano, que podía ser la causa del hormigueo. 

Esta vez, el pinchazo no tuvo efectos secundarios no deseados. La botulínica me ayudó a aliviar el dolor y mejorar la movilidad. Más o menos, me visita cada seis meses y me escucha. Dependiendo del dolor que tengo, me infiltra corticoides o botulínica o ambas. Parece que no hay otro tratamiento para estos dolores provocados por la espasticidad. En la Seguridad social es la medicación que tienen para tratar la espasticidad. He preguntado a muchos fisioterapeutas de la seguridad social si había un protocolo para las personas con PCI que vamos dejando atrás la I y entrando en la adultez. No hay ningún protocolo. Nadie sabe qué decirte salvo "es cosa de la edad". La prueba del túnel carpiano salió negativa.

En la Seguridad social hay grandes profesionales pero carecen de recursos y medios. Suerte que, como comenté anteriormente, en Avan hay especialistas en enfermedades neurológicas. Mi fisioterapeuta neurologíca me hizo una sesión privada para valorar mi brazo derecho. Había llegado a un punto que una simple caricia en este brazo me hacía saltar de dolor y la medicación no resolvía el problema. Ella me explicó su teoría: tenía dolor neuropático. El cerebro interpretaba impulsos dolorosos cuando solo me acariciaban. Era cuestión de reeducación del cerebro y de descomprimir el nervio medio que lleva la información. Este brazo apenas lo movía y lo estiraba y era urgente cambiar eso.

En ocho sesiones individuales me explicó ejercicios específicos para estirar el nervio medio, para desactivar la hipersensibilidad del brazo y ampliar su rango de movilidad sin dolor. Además de rebajar al mínimo o hacer desaparecer la mayor parte del tiempo el hormigueo de las manos. Todo a base de ejercicios, terapia basada en conocimiento del sistema nervioso central. Me explicó más cosas de la parálisis cerebral que todos los médicos que me han visto en toda mi vida. Y lo mejor, mi brazo ya soportaba caricias y roces sin gritar de dolor.

La parálisis cerebral es una lesión cerebral estática, no avanza ni retrocede pero dependiendo en qué grado afecte a la movilidad y el nivel de espasticidad, el cuerpo va perdiendo agilidad y es fácil que aparezca el dolor neuropático. El dolor neuropático si que tiene tratamiento y solución o alivio. Pero salvo que se resuelva con pastillas o las infiltraciones antes mencionadas, no te dan ninguna otra solución. Aprender a convivir con el dolor es importante, siempre y cuando se haya hecho lo posible para eliminarlo o rebajarlo.

En mi caso, mi movilidad e independencia radica en mis brazos. Era una verdadera tragedia perder movilidad por el dolor. Dejé de escribir por que teclear me producía un dolor intenso en los dedos. Cada tarea doméstica la debía hacer realizando descansos. Ducharme sola es algo que vuelvo a recuperar poco a poco. Perder un poco de independencia en mi día a día es un gran retroceso. Ahora, tres años después sigo con algún día malo de hormigueo o dolor pero sé como controlarlo.

Y es que cada cuerpo es un mundo. Lo cierto es que hay profesionales médicos muy buenos en la sanidad pública y en la privada.  Pero la pública no siempre cubre tratamientos básicos para vivir con una calidad de vida aceptable cuándo tienes parálisis cerebral u otra discapacidad. 



 Imagen de Google.

viernes, 15 de mayo de 2026

Barras de apoyo

 Soy consciente que durante un gran lapso de tiempo no he compartido mis experiencias pero ahora os quiero presentar la mas reciente. Una nueva ayuda técnica ha entrado en mi casa para poder estar más tiempo de pie y hacer transferencias con seguridad. A veces, no siempre, un video vale mas que mil palabras. Después os adjunto donde lo adquirí pero sin enlace, no gano nada con esto.

Video alojado en YOUTUBE:

https://youtu.be/qzF9MEMei6w




martes, 12 de mayo de 2026

Día a día

Me asusta poner en negro sobre blanco lo que sucede pero quizás sea necesario, terapeutico incluso. Sería absurdo a estas alturas quejarme de mi discapacidad pero eso sumados a los años…. Soy consciente de que soy joven pero mi cuerpo no parece estar muy de acuerdo con esa opinión y cada vez tarda un poquito más en responder a mis órdenes. No escribo ni para quejarme ni para inspirar lástima o admiración, eso me resulta extremadamente agotador. Mi vida siempre ha sido así, dentro de un cuerpo que funciona diferente.

Suena el despertador y sé que no puedo remolonear. Aun con el sueño pegado a las pestañas he de realizar una maniobra de gran precisión como calzarme y pasarme a la silla de ruedas para ir al baño. Antes, con el andador, era todo más sencillo, pero ahora ha ganado la batalla conseguir no caerme, la seguridad en los desplazamientos. Realizadas las transferencias oportunas en el baño, vuelvo a sentarme en la cama para vestirme. Otra tarea que aún puedo realizar aunque sea en el doble de tiempo. Prenda a prenda, unas cuestan más que otras. He de parar a coger aliento y sopesar si pido ayuda. Lo descarto, aun no voy a renunciar a mi autonomía por completo. Hoy no. Mañana, ya veremos. 

La lentitud siempre me ha acompañado pero el dolor… El dolor es lo que peor llevo. Hace unos tres años que me acompaña. Hoy se ha levantado de mejor humor, aún es leve. Pero lo siento espiando detrás de mi hombro, acechando dispuesto a atacar. He aprendido a moverme con cuidado para no despertarlo. Es una lección dura pero necesaria: una convivencia sana y respetuosa con tu cuerpo y el dolor es básica en el día a día. 

De nuevo en la silla, me voy a la cocina, todo lo necesario para hacerme el desayuno está a mi altura, así de simple. No son horas de intentar acrobacias. Disfruto del café en silencio y en soledad. Esa soledad a veces tan odiada y otras, tan necesaria. Sentir que aun soy autónoma una mañana más sin saber hasta cuando lo seré. Pero voy a disfrutar del día de hoy. Pongo la taza en el fregadero y vuelvo al baño a ultimar mi aseo. El dolor sigue adormecido pero empieza a despertar, espero poder ponerme la chaqueta y pegar un portazo antes de que despierte del todo y así dejarlo en casa. Hoy no está incluido en mis planes. La chaqueta, curiosamente, era más difícil de poner que el invierno pasado, qué cosas… Así que me alegro de la llegada de la primavera. Huyo de casa lo más deprisa que puedo cerrando la puerta tras de mí. O mejor dicho, delante mío. Probad de cerrar una puerta desde una silla y me contáis. En fin, una vez cerrada, salgo a la calle y respiro hondo triunfante

Curiosamente, el ruido de la calle silencia el dolor. Un nuevo día ignorando el malestar que empieza.